Ushuaia

Hasta el Fin del Mundo

Con días tan cortos, era necesario despertarme temprano para aprovechar al máximo las pocas horas de luz. Igualmente el sueño me ganó y terminé levantándome alrededor de las 10:00 a.m.

Hernán y Diana con su característica buena onda me llevaron hasta la estación de servicios YPF, que es el mejor lugar ara salir a dedo desde Río Gallegos, ya que junto a la YPF está la aduana y por tal motivo, es casi 100% seguro que todos los camiones paren en el lugar, ya sea para abastecer o para realizar trámites aduaneros. 

El paisaje era blanco, con nieve acumulada y grandes charcos congelados. De repente, con un par de grados bajo cero, vi a un tipo caminando en remera (camiseta) alrededor de su camión. “Está reloco este”, pensé. Y fue por eso que me acerqué para preguntarle si me llevaba. Entre charlas conseguí estar arriba de su camión.

Con él conseguí viajar hasta la frontera Argentina-Chile, donde se debía realizar migración. Ahí me demoraron y fue por eso que él tuvo que seguir su camino y yo salir a hacer dedo de vuelta.

Tierra del Fuego
Tierra del Fuego

Al cabo de una media hora otro camionero me levantó. Primero me dijo que iba hasta Cerro Sombrero (un pueblito a unos 90 km de allí, aún en territorio chileno). Como Tierra del Fuego es una isla, para acceder o salir de esta es necesario tomar una balsa, allí el paso es un poco demorado y entre la fila de camiones, encontré a aquel camionero que me había levantado inicialmente. Fue un rápido intercambio de miradas que se dijeron una a la otra: “uhummm con que aquí andás eeehh. Tanto afán para encontrarte aquí, gracias por dejarme allá tiradote con los chilenos” y “eehhmm hola. Qué onda?… Conseguiste llegar rápido eeh!”

Cruzamos a la isla, un viaje de una media hora en la balsa gigante por el Estrecho de Magallanes. Llegando al famoso Cerro Sombrero, el camionero me dijo que en realidad iba hasta Río Grande (Argentina), que en este pueblito solo pararía a saludar a un amigo.

Cruzando en la balsa a la Isla de Tierra del Fuego
Cruzando en la balsa a la Isla de Tierra del Fuego

Llegamos y fue a saludar a su supuesto amigo. Al bajarse me dijo “si querés mate, prepará. Ahí hay de todo… Estás en casa” y partió. Como pasaban las horas y no llegaba, me entró la ansiedad y me puse a preparar unos mates. Mientras calentaba el agua, la llama se salió de control y se creció muchísimo, con mucho pero mucho riesgo de encender todo adentro. Me reasusté y me desesperé sin saber qué hacer. Quedé tan impactado al ver eso que sin saber de dónde ni cómo, mis reflejos mandaron mi mano directo al fuego y así cerré la llave del gas de un solo intento, en una fracción de segundo. Fue increíble, aún no me explico cómo mi cerebro fue tan veloz en ese momento para tomar el control de mi cuerpo y coordinar esa serie de movimientos que evitaron una inminente tragedia.

No sabía si era psicológico o real, pero sentía un feo y fuerte olor a quemado, como a chamuscado. Toqué los asientos, las mantas, mi ropa, todo lo que pudiera estar encendido sin darme cuenta. Nada tenía fuego pero seguía sintiendo el olor. Descubrí que había sido mi cabello. Sin darme cuenta, al cerrar la llave se me habían quemado unos pelos y estos olían a chamuscado. No fue nada grave. El susto pasó pero debí haber envejecido unos 5 años en ese momento.

El tipo volvió y ni idea que casi le prendo fuego a su camión. Continuamos el viaje y en algún punto de la ruta en medio de la nada paramos a dormir. Al principio tenía mucho calor, estaba sudando por causa de la calefacción. Luego en medio de la madrugada, el tipo apagó el camión y ahí comencé a sentir lo que es el frío patagónico penetrando la piel, los tejidos, los músculos, los huesos y todo lo que encuentre. A las 8:00 a.m. aún de noche continuamos el viaje.

Al llegar a la frontera Chile-Argentina comenzaba a amanecer, mientras realizábamos migración. Antes de llegar a Río Grande, me dijo que iba a hacer una llamada porque quizá le tocaba ir primero a descargar a Ushuaia y luego regresar a Río Grande. Lo miré con ojos de “yaaaaa, dejate de joder. Vos vas es para Ushuaia y has estado es chamullando todo el tiempo”.

Pasamos Río Grande y más adelante paramos en un pueblo llamado Tolhuín. Ahí me dice “chee, no sentís un olor a quemado?”, miramos el tablero y éste estaba tirando humo por todos lados, rápido soltamos 3 tornillos de como 400 vueltas cada uno y al abrir vimos lo que sucedía: la tabla de fusibles en pleno corto, derritíendose y largando mucho humo. Rápido le echó agua (caliente, la del mate) y paró de derretirse. Revisamos y se habían quemado 2 fusibles. Ya todo estaba de vuelta bajo control. Segundo intento fallido del camión por matarme.

Seguimos el viaje y antes del famoso y hermoso Paso Garibaldi, comenzó la tormenta de nieve. Mucha mucha nieve y la pista cubierta de hielo. Debimos parar a colocar cadenas y vi lo dura que es esta tarea. Las condiciones por las que tienen que pasar los camioneros por entregar a tiempo sus cargas y no perder así el empleo. Al agarrar las cadenas, era básicamente como agarrar hielo puro. Muy pero muy frías, duras y pesadas. Las colocamos y aproveché esa parada para jugar un poco con la nieve.

Colocando cadenas al camión para no morir en la ruta
Colocando cadenas al camión para no morir en la ruta

Un par de kilómetros adelante, estaba cortada la ruta mientras pasaba la máquina removiendo la nieve de la pista. Mientras esperábamos, nos enteramos que un camión había volcado más adelante, así que se respiraba un ambiente de incertidumbre. Entre ellos se hablaba de lo “horrible” que estaba la ruta y lo feo del día. Aún no entiendo, para mí estuvo hermoso y no podría estar más lindo el día. Pero bueeeee… humanos.

A esto le llaman "horrible" -.-
A esto le llaman “horrible” -.-

Pasó la máquina y arrancamos en caravana atrás de ella. Íbamos con el ‘taka-taka-taka’ que hacen las cadenas. Pasamos el camión volcado y no solo estaba volcado sino que además hecho pedazos al borde de la pista.

o.o

Luego de pasar varios cerros conocidos de la zona, aparecía por fin el “Bienvenidos a Ushuaia. El Fin del Mundo”. Me recibía ese gigante cartel, iluminado y bañadito en nieve. Tal cual me lo había imaginado. Se me pusieron los pelos de punta :3

Al bajarme del camión y despedirme de esta gran persona, ni bien había caminado una cuadra y ya me había caído 2 veces. Ushuaia con sus impresionantes calles lisas lisas lisas cubiertas de hielo, donde caminar tranquilamente es todo un reto de supervivencia.

Así mis amigos, he cumplido un gran objetivo en mi viaje y mi vida. Llegar a la ciudad más austral del mundo, donde termina todo, donde el mapa ya no dá más. Llegué a Ushuaia, el Fin del Mundo en invierno sin morir en el intento.

Ushuaia
Ushuaia
Parque Nacional Tierra del Fuego, final ruta 3. Alaska a 17.848 km
Parque Nacional Tierra del Fuego, final ruta 3. Alaska a 17.848 km

Rio Gallegos – Ushuaia | Junio de 2014
Distancia total: 560 km

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