Ya puedo ver nieve? | Bahía Blanca – Bariloche, abril 2014

Arranqué el día con dos regalos que me llegaron muy bien… dos abrigos que me mantendrán calentito durante este crudo invierno que me espera en la congelante e otoñal Patagonia argentina.

Directo a la salida de la ciudad, una estación de combustible llamada “El Cholo”, lugar elegido para todo aquel que desea salir de Bahía Blanca a dedo hacia el sur. 30 minutos y me levanta un camión… en medio de la cantidad de polvo del lugar.

A dónde vas?… a Bariloche mi amigo… ahhhh no, yo solo llego a río colorado, te sirve?… nos fuimos 🙂

Fue un viaje bastante lento y charlado, con pansitos de camino e historias de viajes relatadas por un mochilero y un camionero.

Ya en río colorado, sería cuestión de seguir haciendo dedo en una estación de combustible del lugar. A mi lado, varios mochileros más… Al parecer era el día para levantar a todo mundo, menos a mí, por supuesto. Se me anocheció en el lugar y debido al frío, me tuve que refugiar en la estación… Por ser semana “santa”, los camiones tenían restricción de circular entre las 18:00 y 00:00 horas. Así, se fueron acumulando poco a poco muchos camiones en el lugar. Todos sin opción de llevarme. Irme a dormir sería una locura, ya que justo a la media noche tendría decenas de camiones prendiendo motores y de seguro alguno se animaría a viajar conmigo.

Esperé, esperé y esperé… cerca de la hora salí a ver qué enganchaba… varias prostitutas en el lugar que querían conversar conmigo… Claro, conversar.

Positivo… un camionero me montó en su casita rodante. Yo estaba molido del cansancio, así que a mitad de camino le pedí permiso para dormir un rato y no tuvo problema. A eso de las 5:00 a.m. llegábamos a Neuquén, capital de la provincia homónoma. Ubicada en la mitad del camino entre Río Colorado y Bariloche, es decir a unos 400 km aproximadamente de cada una de esas ciudades.

Frío inhumano y cansancio infinito. A armar carpa se dijo muchacho. Caí como una piedra congelada y un largo sueño me quedaba por delante… Momento, no por mucho. A tempranas horas un ligero ruido me despertó. Era algo así como una turbina de avión sonando a centímetros de mis oídos… Me explico, el año tiene 365 días y algunos 366. De esos trescientos y algo, eligieron ese día, justo ese y justo a esa hora para podar la grama del lugar, así que tenía uno de esos aparatos crujiendo violentamente junto a mi casita.

Ya fue… me voy de aquí. Desarmé la carpa y arranqué con muchas ganas y optimismo de llegar ese mismo día a Bariloche. Lugareños me recomendaron hacer dedo en un control policial muy cerca de ahí… El tema es que tanto yo como el control, nos encontrábamos entrando a la ciudad y no saliendo, lo que reducía notablemente las posibilidades.

Me encontraba sumido en medio de un clima bastante extraño… Un sol agobiante y un frío penetrante. No sabía si era peor usar abrigo o no. Estaba en una verdadera encrucijada, así que decidí vestirme como se vestían las demás personas… algo razonable. 40 minutos y paró un furgón blanco…

– Qué vas a hacer a Bari?
– A conocer amigo… estoy conociendo América Latina a dedo
– Bueno, vámonos.
– *ooooouuuu yeaaaah!*

Era un señor de 75 años con conceptos bastante críticos y claros sobre temas políticos… en un par de horas me destruyó la imagen más o menos positiva que me había hecho yo de Cristina y su gobierno… Me explicó varias cosas que no podría hacerlo otra persona. Fue una charla bastante interesante.

Paramos en un supermercado porque él necesitaba llevar jamón crudo a su casa… Típico. Y luego paramos para observar un embalse que estaba de camino. En medio de una zona llena de dinosaurios y carteles de peligro que alertaban sobre su presencia.

Se conocía a la perfección la ruta, hasta podría conducirla con los ojos cerrados. Se sabía de memora cada curva, cada cerro, cada kilómetro. Llegó la noche, salió la Luna y el paisaje se pintoreaba cada vez más. A eso de las 20:00 ó 21:00 horas estábamos por fin avistando, desde la distancia, las luces de la ciudad de Bariloche. un panorama bastante lindo.

De camino mis preguntas eran siempre las mismas: “ya podré ver la nieve?”… “y al amanecer la podré ver?”… “aquí nieva?”… “aquí ya hay nieve?”

Llegamos y fue un poco extraño… El viejito me acercó más de 400 km pero me dejó a 6 de Bariloche. Vivía en una chacra antes de la ciudad. No sé si no se le pasó por la mente, así de buena onda, acercarme hasta, por lo menos, la entrada a la ciudad. A mí sí se me ocurrió pero preferí no pedírselo… Así que con 400 grados bajo cero y vientos de mil kilómetros por hora, tuve que caminar bajo la noche varios kilómetros hasta que apareció un colectivo… Mi oportunidad para no morir en el lugar. 5 pesos y me llevaría hasta el centro de la ciudad.

Luego allí me preocuparía por dónde pasar esa congelante noche.

Casa junto a Lago Nahuel Huapi
Casa junto a Lago Nahuel Huapi
Bariloche Otoñal
Bariloche Otoñal

Bahía Blanca – Bariloche | Abril de 2014​
Distancia total: 965 km

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