Bonito… por fin Bonito | Belo Horizonte – Bonito, enero 2014

Aunque sabía que sería un lugar bastante duro para hacer dedo, decidí igual intentarlo. Hablo de aquel “trevo” que separa la BR-381 y BR-262 a la salida de Belo Horizonte. Eran cerca de las 11:00 a.m. y un enorme taponamiento de autos se extendía por kilómetros y kilómetros hasta el horizonte sobre la 381… Mi destino: la 262 por suerte. Gracias a este factor inesperado, unos muchachos que viajaban por la 381 rumbo a Sao Paulo, decidieron desviarse un poco para esquivar el tapón… Perfecto, serían ellos quienes me levantaran luego de una media hora de espera en la ruta.

Como ellos viajaban en realidad hacia otro lado, solo me llevarían hasta la primer ciudad de camino a unos 30 km y ahí se desviarían para retomar su recorrido.

Luego allí sería cuestión de 1 hora aproximadamente para ser levantado de nuevo. No sería un aventón muy largo tampoco, calculo yo unos 40 km hasta una estación de combustible llamada “milhao”. Allí decidí relajarme un poco, pues ya estaba lo suficientemente alejado del casco urbano de la ciudad. Aproveché para almorzar en el lugar y mientras terminaba, sentado al borde de la ruta, se me acercaría un tipo bien vestido y con imponentes lentes de sol.
– Para dónde vas?, me preguntó.
– Para Mato Grosso do Sul amigo, un poco lejos pero ahí voy con toda la onda.
– Aaahh mirá… y de dónde sos?
– De Colombia, me estoy conociendo América del Sur a dedo.
– Qué bueno… Mirá yo voy hasta Luz (a unos 160 km) querés ir conmigo? Yo voy en aquel bus pequeño con gente de allá.
– Claro que sí, vamos 🙂

Al subirme me presenta ante todos y les comenta que voy a dedo. Al mirar hacia el interior, solo observaba grandes y blancas sonrisas acompañadas de expresiones faciales alegres. Me sentía a plenitud.

Recordé aquí el momento en el que fui a “Asistencia Social” en busca de una mano (pasaje de colectivo) con cualquier destino que quedara en mi dirección. Solo quería salir del casco urbano de la Belo Horizonte. Me rechazaron cualquier ayuda (a mí y solo a mí entre cientos de personas que habían ese día) -según ellos- porque estaba en condición de ilegal en el país (tiempo de permanencia vencido) y “ellos no ayudan a un ilegal”… Así sea mismo para salir del país.

Situación en la que un número y un papel son más importantes que una persona y su situación. Incluso para aquellos encargados de “asistir” a la sociedad.

Pues bueno… La puerta que me cerraron despectivamente un día atrás, me la estaban abriendo aquí y con la mejor onda estas humildes y maravillosas personas. Quienes en su baja situación económica rescatan valores que el dinero le ha hecho olvidar progresivamente a la sociedad.

Señores de Asistencia Social, aquí estoy viajando en un bus. La puerta que ustedes me cerraron, me la abrieron estas hermosas personas y eso vale… vale mucho más porque lo hicieron de corazón. No por cumplir una función administrativa.

Ya en Luz me dejarían en una estación de combustible, no sin antes despedirme muy emotivamente, deseándome la mejor suerte y ofreciéndome un lugar para parar esa noche si no conseguía continuar el mismo día.

Y así fue… no conseguí quién me levantara antes de ponerse el sol, así que me preparaba para ir a compartir una linda noche en familia. Justo antes de ir llegó un camión, decidí por las dudas conversar con el camionero y pedirle aventón. Listo, no hay problema, me contestó. El tema, que saldría al día siguiente hacia Uberaba entre 4:30 y 5:00 a.m. Así que terminé decidiendo armar carpa junto al camión y pasar la noche en el lugar. Esa noche cené con el camionero y compartimos un par de historias, un hombre muy sencillo y abierto al diálogo.

5:15 a.m y yo ya disfrutaba de un amanecer visto desde la cabina de un camión. Todo el trayecto fue bastante adornado con montañas y charlas. Charlas de todo tipo que mantuvieron un buen humor por horas y horas.

Ya en Uberaba me dejaría sobre la ruta y me daría un par de reales para comer algo.

Me costó varias horas salir de allí, pero sin duda valieron la pena… Un camionero loco que se conoce Brasil y sus alrededores como la palma de su mano. Me resultaba más cómodo preguntarle a él que mirar mi mapa. Entramos al estado de Sao Paulo y me dejaría sobre la ruta que iba directo a Sao José do Rio Preto. Llovía un poco pero no lo suficiente como para no permanecer en la ruta con dedito estendido.

Pasan unos 20 minutos y me levanta Adel con una sonrisa que se veía desde el espejo mientras corría con mi mochila hacia el auto. De camino la lluvia se puso más fuerte. Agradecí enormemente que me hubiera levantado justo en el momento indicado.

Historias de viaje de mi parte y sorpresas de la suya. No dudó en llevarme a su casa y presentarme a su familia (de quienes ya hablé en otro post).

Los peligros de viajar a dedo

Luego de compartir 2 días con ellos, seguí rumbo a Mato Grosso do Sul. Serían una serie de aventones cortos hasta que llegaría al final del día a Guzolandia. Lugar que recordaré por siempre.

La historia de Guzolandia iniciaría con una noche de carpa muy tranquila y fría. Nada anormal. Al día siguiente serían horas y horas y horas en ruta haciendo dedo bajo un endemoniado sol sin que nadie me levantara. Hora del almuerzo y aún nadie para… 3:00 p.m. aproximadamente y yo aún en el mismo lugar, con el ánimo bajo y la cabeza dando vueltas por todos los planetas debido al terrible sol que me golpeaba. Ya sabrán que entre las cosas que más me afectan están el polvo y recibir el sol directamente.

Un colectivo de servicio comercial para intrigado por verme ahí moribundo. No entendía muy bien lo que pasaba pero no descarté la opción de acercarme y charlar con el conductor. Sorpresa: decide llevarme! Mi única oportunidad de no morir en Guzolandia.

Nuevamente señores de Asistencia Social… aquí voy… en un bus. Qué les parece?

Me dejaría en Ilha Solteira, pues este era su destino. Como si fuera poco me compra un boleto en otra empresa para ir en colectivo hasta Três Lagoas, primera ciudad en el estado de Mato Grosso do Sul. Qué gran persona!

El único problema era la hora… 4:10 p.m. y el colectivo saldría a las 8:30 p.m. Es decir, más de 4 horas de espera para viajar unos 70 km. Consideré opciones y valía la pena salir a la ruta a hacer dedo… igual, si no me levantaban, ya tenía pasaje seguro para viajar a la noche.

20 minutos y paró un auto… no daba crédito a mi gran suerte!
Felipe se llamaba esta vez el conductor, estudiante de Fisioterapia quien me llevaría hasta Três Lagoas. Llegaríamos al rededor de las 17:00 horas y decidí bajarme en la divisa de los dos estados (SP/MS), pues allí estaba abarrotado de camiones, ya que todos deben parar para sellar su ingreso al estado.

Converso con ellos y en menos de 5 minutos me estaría montando en el camión de “Chaverín”. Un gran ser que siempre con una sonrisa me compartió un viaje muy lindo hasta Campo Grande (capital del estado, ubicada a unos 240 km de allí). Fue un viaje cargado de muchas historias y enseñanzas de parte de un hombre sabio y humilde. Apreciamos el atardecer en la ruta y comimos de camino en el único poblado que hay en medio de estas 2 ciudades.

Cerca de las 9:00 p.m. llegamos a Campo Grande y decidió dejarme en una estación de combustible, con la promesa de regresar al día siguiente a eso de las 7 u 8 de la mañana para llevarme a la salida hacia Bonito, a unos 30 km de allí.

En la estación de combustible fui más que bien recibido por el personal del lugar, todos con ganas de conocer mis historias y soñando con algún día irse a conocer el mundo de una manera libre y personal. Ordenaron una pizza para compartir conmigo y me hicieron sentir más que bien. No podía creer el cambio tan grande que había tenido ese día para mí.

Me sentí sumamente feliz después de haber tenido un día tan contrastado y lindo, acompañado de tantas personas sumamente geniales.

Amanece y voy a un supermercado a comprar algunas cosas para desayunar. Ya en este punto sentía el cambio de precio de los productos. Todo me parecía más barato a lo que ya estaba acostumbrado a pagar.

8:00 a.m. y veo que viene a lo lejos el camión de Chaverín, atravieso la calle y al aproximarse veo a Chaverín acompañado de un niño con una sonrisa enorme. Era Kawey, su hijo de 13 años quien recién regresaba de campamento en Sao Paulo y quien había ido a conocerme luego de que su padre le comentara sobre mí. Indudablemente no pudo haber iniciado mejor el día para mí.

Nos divertimos en los 30 km de recorrido y me desearon la mejor de las suertes. Muchas gracias Chaverín, muchas gracias Kawey, muchas gracias por haber compartido conmigo tanta genialidad. Conserven siempre esa dulce sonrisa que tanto bien le hace a quienes los rodean.

Ya en la salida hacia Bonito sería un poco más complicado el dedo. Pero siempre -y recuerden esto- siempre habrá alguien que pare. Siempre hay ángeles en la ruta que llenan de vida y alegría esta aventura.

Serían 2 aventones, cada uno hasta la próxima ciudad de camino y al final del día me encontraba unos 150 km más adelante. Realmente cansado y sudado por la jornada, decidí pasar la noche allí, en una estación de combustible. Armé la carpita y no conseguí bañarme, pues para hacerlo debía pagar alrededor de 3 dólares por el derecho al uso de la ducha. Ya fue!… Me parece un gran absurdo pagar tanto por una ducha en una zona tan rica en agua. No estaba dispuesto a apoyar ese lucro tan aprovechado.

No supe en qué momento se pasaron unas 9 ó 10 horas… cuando me di cuenta ya era mañana y el canto de los pájaron me despertaría. Al abrir la carpa, vi 2 tucanes en un árbol a pocos metros de la carpa… Qué lindo despertar.

Encaro la ruta y en menos de 1 hora me levanta Sandro en su gigante camión. Una persona de esas que uno dice: más genial, imposible. No paraba de contarme historias de otros mochileros a quienes ya había levantado en esa misma ruta. Chilenos, alemanes, brasileños, argentinos… de todo ya pasaron por ese camión.

En el camión de Sandro

Decidió llevarme hasta Corumbá, ciudad fronteriza con Bolivia para la cual habría que atravesar el Pantanal si se quería llegar a ella. A la tarde me traería de vuelta hasta el lugar donde yo debía desviar rumbo hacia Bonito.

De camino a Corumbá se pueden observar cientos de ciervos, capibaras, caminaes, águilas, emas, etc.. de toda clase de bichos esparcidos por decenas a lado y lado de la ruta por alrededor de 200 km. Un deleite visual y una experiencia incomparable. Cada vez que aparecía un animal, Sandro se emocionaba incluso más que yo al señalarme dónde estaba, pues por su experiencia los ubicaba más rápido y fácil que yo. Tarea imposible: fotografiarlos, pues solo se apreciaban por un instante y a varios metros de la ruta. Así pues, estas imágenes reposan y reposarán por siempre en la memoria.

Pantanal

Pantanal y Sandro

Lo feo: muchos de estos animales que llenan de vida aquel paraíso, terminan postrados sin vida en la pista al intentar cruzar de un lado al otro. La incompetencia de unos y la indiferencia de otros consiguen terminar con la vida de centenas de animales cada día en esta ruta. Me cuenta Sandro que lo máximo que ha llegado a hacer el gobierno es enviar personal de limpieza para retirar los cadáveres en ciertas temporadas, esto con el objetivo de reducir el impacto visual y evitar la presión mediática y social. Osea que no importa que se mueran sino que no se vean?… Así es.

Me dice además, que hay conductores que chocan animales con intención y por el solo y trivial “placer” de matar. Da amargura saber eso. Al final agrega que el Pantanal es una zona que cada año permanece bajo el agua 6 meses y otros 6 meses parcialmente seco. Que cuando está bajo el agua, los animales se acumulan más cerca de la ruta y ahí se pueden apreciar mejor, ya que en época “seca” se adentran más hacia el corazón del Pantanal. Estamos en época “seca”.

Llegamos a Corumbá y descarga el camión. De no ser por el tamaño de su enorme máquina, habríamos dado un pequeño paseo por territorio jurídicamente boliviano. Allí casi la mitad de la población es de raza indígena muy marcada y por lo que se ve, todo es mucho más barato.

De regreso el panorama es muy similar. En mi memoria reposarán las imágenes del Pantanal, una variedad exótica de vida por cada rincón. Un contacto muy energético con la vida salvaje.

Al final del día me dejaría en Miranda, ciudad donde nace la ruta que va directo a Bonito. Armo carpa y conozco a un loquillo que en medio de sus cervezas me invita a cenar y dar un paseo por la ciudad. Me ofreció un plato de comida como de 10 km. En realidad era muchísimo y le agradecí enormemente. Lo devoré todo en menos de lo pensado.

Al día siguiente, ya en la ruta me costaría 2 aventones para llegar a Bonito. El segundo sería con el cura de la ciudad que iba a relajar su mente y cuerpo un fin de semana. Bien ahí padre! 🙂

Camino a Bonito

Así, llegué más o menos a medio día a Bonito, fui directo al punto de información turística y me ofrecían entradas a distintos destinos turísticos. Algunos precios rondaban los 12 y 30 dólares, pero muchos llegaban a los 400 dólares aproximadamente y me los ofrecían con tanta naturalidad… Dónde coño me metí?

Debido a la ausencia de CouchSurfing activo en la ciudad, no me quedaba otra que montar la carpita en algún lugar y esperar que todo saliera bien con esto.

Belo Horizonte – Bonito | Enero de 2014
Distancia total: 2.100 km

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