Mango Grosso | São Paulo – Chapada dos Guimarães, noviembre 2013

“Es solo un hasta pronto”… Con esta frase nos despedimos de Evelyn, la hermanita brasilera de São Paulo y así saldríamos hacia la estación de trenes de la CPTM en Jandira para luego tomar colectivo hasta el peaje de Itapevi. Llegamos al peaje y sería cuestión de 30 segundos para que un camión parara para llevarnos… La sorpresa mayor: nos llevaría hasta Salto (a 100 km) y la oportunidad perfecta para visitar a aquellos ángeles que había conocido durante mi viaje hacia São Paulo hacía 1 mes y medio. Así todo fluyó de maravilla para que en 1 hora estuviéramos saltando en aquella ciudad. Llegamos a la casa de ellos y conocieron a Axl y Axl los conoció a ellos, compartimos un fin de semana muy agradable con fiesta de cumpleaños incluida y el siguiente lunes muy tempranos nos alistaríamos para continuar nuestra aventura.

Con Marcos en Itú

Salimos de Salto en patrulla policial… De la Policía Militar brasilera para ser más exactos y nos dejarían sobre la salida de la ciudad, allí un par de horas de dedo y nos llevarían hasta la autopista que debíamos tomar para continuar. 2 km de caminada hasta una “estación de combustible” que más bien era algo así como un cúmulo de latas oxidadas y abandonadas junto a la autopista.

Por suerte en un par de minutos paró un camión, del cual resaltaban de su cabina una grande sonrisa y una especie de libro que decía “Biblia sagrada”… Vamos, que no pretendo morir en este lugar. El tipo rebuena onda y todo, nos llevó unos 180 km y nos dejó en el otro medio de la nada donde todos los autos pasaban a 10mil km/h. Por suerte en poco tiempo paró otro camión con un tipo genial que nos llevaría hasta una estación de combustible unos 90 km más adelante.

Allá almorzamos y comenzamos a hacer dedo durante unas 4 horas. Hasta que “el tuerto” apareció para llevarnos. Con su delicadeza extrema que no quería no que ni le miráramos el camión (nuevo) y viajaba como a 1 km/h. El tuerto nos dejaría 80 km antes del lugar donde dijo que nos dejaría porque -según él- “No habían ni puestos de combustible ni nada más adelante”. Lo bueno: nos dejó en un sitio genial para hacer dedo, puesto de combustible + peaje a menos de 1 km.

Tomamos baño en la estación y fuimos a hacer dedo al peaje. En 1 hora paró un camión que casi me quita la vida. El muy _____ conductor, por abrirle la puerta a Axl dejó rodar el camión y este fue a parar contra los metales fuertes que están en las partes laterales de las rutas para que los autos no se salgan de la pista. Fue cuestión de segundos y centímetros para que yo quedara reducido a nada.

Después de sobrevivir y salvarme de aparecer en el programa “mil maneras de morir”, iniciamos nuestro viaje que iba hasta Bonito, en Mato Grosso do Sul, pero que cambiaría para Rondonópolis en Mato Grosso, para conocer Chapada dos Guimarães, que queda a unos 300 km. Y así sería el inicio de un viaje de unos 1,600 km con este camionero.

Fueron unas 18 horas de paisajes multicolores y una ruta muy lamentable, debido a que los cadáveres de cientos de animales silvestres decoraban tristemente el asfalto. El egocentrismo humano y la falta de consciencia causan este tipo de estragos demasiado tristes.

El viaje con aquel sujeto no fue muy trascendental, pues él no comía, no hablaba y no dormía (a excepción de un par de veces mientras conducía). Con Axl nos tocó la tarea de turnarnos para mantenernos despiertos y así mantenerlo despierto a él, con el propósito de convencerlo de parar a descansar algunas horas. Al parecer nada ni nadie lo detenía y terminamos por dormirnos nosotros.

Por fin en una de las divisas de estados decidió parar para dormir. Eran -supongo yo- las 3:00 a.m. cuando paramos para dormir. Luego de estar dormidos escuchamos su voz: “Vamos vamos… embora”… Aún era oscuro, así que supongo, no dormimos más de 3 horas.

Continuamos y con Axl nos volvimos a turnar para dormir. Ya todo fue un poco más tranquilo cuando amaneció, aunque la angustia continuaba y se manifestaba más cada vez que dábamos una mirada hacia su cara.

En Mato Grosso el panorama cambió totalmente… calor impresionante, horas y horas de viaje sin ningún tipo de poblado de por medio y millones de mangos al borde de la ruta… por lo cual decidimos bautizar este estado como “Mango Grosso”. Llegamos a Rondonópolis, allí nos despedimos del zombie y pasamos la noche para al día siguiente llegar a la Chapada.

Al día siguiente nos levantó uno de los mejores pilotos que hemos conocido durante el viaje… un brother.

Guino su nombre, y lleva 18 años al volante, luego de haber sido enfermero, soldado, campesino y comerciante. Sus palabras llenas de humildad y amor eran una combinación perfecta para los dulces mangos que deleitábamos de camino. Parábamos periódicamente para abastecernos de mangos y compartir historias.

En Cuiabá (capital del estado MT) debíamos cambiar de ruta para llegar a nuestro destino y fueron varias horas intentando salir del lugar. Calor impresionante que luego sería recompensado con la maravillosa vista de la Chapada llegando. Pasaríamos la noche en el pueblito para al día siguiente ir a disfrutar del parque.

São Paulo – Chapada dos Guimarães | Noviembre de 2013​
Distancia total: 1.990 km

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