Saltando hacia São Paulo | Ilha do Mel – São Paulo, septiembre 2013

Después de odiar muchas veces la sed por el dinero que tienen los isleños de Ilha do Mel, en el estado brasilero de Paraná, tomé bote de vuelta al continente a eso de las 5:00 p.m. tenía la esperanza de viajar ese mismo día. Llego al continente y también la noche lo hace.

Así que pregunto en un restaurante por un sitio donde pueda armar la carpa y me indican de un terreno adecuado, también me ofrecen comida si vuelvo tipo 8:30 p.m.
Debido a que el hambre era fuerte, decidí armar la carpa y cocinar también por mi propia cuenta. Voy en busca de agua a una casa y me regalaron de paso unos bananos, el ambiente y el trato fue bien distinto apenas salí de la isla.

Cociné un arroz con fideos y justo cuando estuvieron listos, calculé que eran las 8:30… el hambre era increíble, así que volví al restaurante y me dieron una de las cenas más increíbles que he comido en mi vida… Demasiado rico.

No tenía otra opción más que guardar mi arroz con fideos para el otro día. De esa manera ya tendría almuerzo listo.

Al amanecer, salí temprano a la ruta y conseguí una serie de aventones que me llevarían finalmente a la ruta Paranaguá – Curitiba. Justo en una Shell inmensa de camiones en un lugar muy gris y poco amigable.

Allí hablo con los camioneros y luego de horas, uno ofrece llevarme hasta Curitiba… Yo solo quería salir de aquel poco agradable lugar. Acepto y espero por él. Es ahí cuando se me acerca un funcionario de la Shell y grita:
– “Eu falei com você hoje da manha” | “Yo hablé con vos hoy a la mañana”
– “Eu não fiquei aqui hoje da manha… apenas cheguei poco tempo atras” | “Yo no estaba aquí hoy a la mañana, recién llego”
… En fin, me sacó en medio de gritos y estrés humano, muy parecido al ambiente del lugar. Esperé afuera al motorista que iba a tomar baño y abastecer el camión. Mientras estaba afuera, otro camionero me ofrece llevarme hasta Curitiba ya ya… vamos.

Llegamos a un estacionamiento de camiones en Curitiba y me ofrece pasar la noche dentro del camión, por aquello del peligro brasilero y todos esos cuentos de marketing policial. Arma la cama y contra todo pronóstico es en la cabina donde dormiríamos los dos. Me acuesto y es ahí cuando sale a relucir la porquería de ser humano que es… Ya se podrán imaginar. Así que le grito (en español, portuguès y algo de ruso… tipo que no entendiera ni mierda) y me bajo del camión en seguida para nunca más volver a ingresar en él.

Como habían más camioneros allí, hablo con ellos y uno ofrece llevarme al día siguiente hasta São Paulo con la condición de esperarlo al otro día mientras cargaba su camión… Ya está, obvio acepto. Esta vez duermo en el trailer y todo está bien.

Al amanecer llegamos al sitio de carga y yo debo esperarlo afuera… Aunque mis mochilas entraron en la cabina del camión. Pasan las horas y por fin sale. Nos vamos y al mirar las mochilas noto que están diferente a como yo las dejé. Reviso y está todo revolcado… Le pregunto por eso y asegura no saber nada. De inmediato reviso que estén mis documentos y las cosas más trascendentales para mí. Sí, está lo más importante. En este momento solo me faltaban unas cosas para cortar alambre y un pegante… ah! ya fue, que se pierdan… de seguro se los robó algún empleado del lugar -pensé-

Justo al llegar a la salida de la ciudad me dice que debo esperar por él afuera del camión mientras entra a la balanza porque “no podía registrar mi peso y el de mis mochilas”. Ingenuamente le creo, me bajo. Arranca para nunca más volver.

Ahí reviso nuevamente mis cosas y noto que también falta mi perfume (nuevo que me había enviado una tía desde Venezuela) y un libro donde estaba el poco dinero que tenía… -filho da puta-

Su matrícula: AAA-9806. Trailer: ARA-8447. Asociado a la empresa de transportes “Castoldi” y la empresa donde cargó se llama “Alimentos nordeste”, está en Pinhai – Curitiba. Su nombre: Celso, de unos cincuenta y tantos años. Esto fue el viernes 6 de septiembre de 2013.

Allí sin dinero y en la inmunda… Robado y casi violado por cuenta de los camioneros en menos de 24 horas, hablo con unos vendedores ambulantes y me regalan 5 reales para tomar colectivo hasta la salida de Curitiba hacia São Paulo. Llego y debo caminar 2 km hasta una estación de combustible. De camino me regalan unos 3 kg de bananas. Llego a la estación y al rato me levanta un auto hasta otro lugar a unos 15 km de allí. Allá imposible hacer dedo… las cosas iban mal, muy mal.

Me indican para tomar colectivo hasta un pueblo y luego combinar con otro para otra estación de servicio llamada “Cupim”… como a 30 km de allí. Pago el colectivo con todo el dinero que tenía y al llegar a la combinación me informan que la otra línea no tenía más servicios ese día… no podía estar peor la situación!

Me toca salir y armar carpa, al otro día conseguí dinero para entrar nuevamente al terminal ese, no sin antes preguntar mil veces si la línea tenía servicio ese día, me dicen que sí pero que tendría que esperar hasta las 12:30 del medio día. En ese momento eran poco más de las 9:00 a.m. Sin más opción pago y entro, a eso de las 11:30 a.m. el hambre me hace salir a buscar algo de comer. Me encuentro a un loquillo que viajó a dedo por todo Brasil y me da comida. Luego le explico el porqué de mi presencia allá y que estaba esperando colectivo desde el día anterior. Pregunta a sus colegas y concluyen que el colectivo que me llevaría hasta mi destino no tenía nada que ver con los colectivos del terminal. Ahhhh genial!

Así que va, hace un escándalo a los funcionarios, me hace pasar un momento de risa por sus frases: – “pero cálmese señor” – “señor?… señor el señor Jesús, a mí no me diga señor” y – “gobierno? cuál gobierno si yo me gobierno a mí mismo”. Saca de tono a la funcionaria de los tiquetes y luego se va.

Al rato llega la policía con un operativo como si se tratara de un acontecimiento de talla mundial… Realmente muy ridículos. Pasan las 12:30 y el colectivo nunca aparece, los balurdos que trabajan allá no sabían qué horario regía ese día, ya que era un sábado feriado… se debatían en si trabajaban con horario de sábado o de domingo… Una situación muy lamentable. Conclusión, me tocó esperar más tiempo.

Mientras esperaba conocí a una mujer, le cuento mi aventura y el porqué de mi ya alargada estadía allí… Me invitó unos pastelitos para comer.

A eso de las 3:40 p.m. llegó por fin el colectivo que me sacaría del lugar, me subo y llego a la estación Cupim. Allí en menos de 1 hora me levantan Marcos y su esposa, quienes estaban acompañados por su pequeña hija Ameli. Compartimos historias, les cuento mi travesura y me invitan a comer de camino. Luego deciden llevarme hasta su casa en un pueblo llamado Salto donde conocería a su familia y compartía con ellos un fin de semana… personas realmente especiales que marcaron mi vida.

Marcos

A los dos días me darían dinero para comprar el boleto en colectivo hasta São Paulo y me dejarían en el terminal, pasé uno de los momentos más memorables de mi viaje.

Llegué a São Paulo, al terminal Barra Funda y tomé metro hasta la estación Santa Cruz, donde me esperaban mis próximos couch en esta inmensa ciudad.

Ilha do Mel – São Paulo | Septiembre de 2013
Distancia total: 650 km

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