Mendoza o Salta?… Mejor Chile | Córdoba – Mendoza, abril 2013

Nuestra salida de Córdoba capital ya estaba marcada por grandes contrastes. Pero las principales dudas eran si viajábamos a Mendoza o a Salta y si irnos ya o aguantarnos un cachito.

La gente y su tonadita chistosa, la falta de contribución de pan, la ausencia de lugares piola para acampar, la sed de aventura, el crepúsculo del verano, en fin… Vámonos ya para Chile. Makakekuá?. Sí, para Chile. Vámonos ya. Bueno vamos.

Por suerte ya estábamos en el terminal y por 8 pesos cada uno, nos llevarían hasta un peaje. -aquí están los 16 pesos-

Ya en el peaje comenzamos a hacer dedito. 40 minutos y para un auto, un tipo de unos treinta y cuarenta años que nos llevaba hasta Alma Fuerte. Charlamos durante el camino, nos cuenta que es gay… Ahhhh mirá vos. Y cambia de ruta para que pudiéramos apreciar un mejor paisaje. Da igual, es de noche y no se ve un orto. Cheeeee pará, pará, pará… Vi un zorrito atravesando la ruta.

Paramos en un lago, tomamos un par de fotos, que serían las últimas que tomaríamos con aquella cámara, ya que la olvidé dentro del auto del tipo al bajarnos 😦 Ya fue… El tipo nos deja en una YPF (estación de combustible) y se va. A los dos minutos: “Idiota, la cámara :(“… Ya está, lo buscamos pero se había esfumado para siempre y por siempre, amén.

Al día siguiente hacemos dedo, nos levanta un trabajador de la misma YPF quien nos lleva hasta Berrotarán… Algo así como un moridero en medio de la nada. Rescatar comida en la única panadería abierta y al toque de vuelta al dedo. Por fortuna nos levantan rápido, una camioneta hasta un peaje antes de Río Cuarto. Ahí nuevamente dedo y un auto nos levanta en 10 minutos hasta Río Cuarto. No me había bajado de aquel auto cuando ya me quería ir de aquel lugar, no sentí una mínima empatía con el sitio… Nuestro último piloto aquí: Pablo.

Caminamos hasta el final del pueblo a un cruce, luego de hacer dedo infructuosamente por un par de horas en una rotonda. Me quería volver chango. Ya en el cruce hacemos dedo y en seguida nos levanta un camionero de esos alegres… En el buen sentido de la palabra. Nos llevaría hasta Villa Mercedes.

Comenzaba un hermoso atardecer, estaba yo recontento. El sujeto nos deja en una estación de combustible y se va para siempre. Es hora de comer… Algo calentito y rico.

Sin esperanzas ya de viajar esa noche, armamos carpa atrás de la estación de combustible… Eso sí, con 400 mil cartones para el frío que hacía.

Amanece y arrancamos a la ruta. Dedo infructuoso por horas y horas, caminamos un par de cientos o miles de kilómetros hasta un puente y allí para un loco como a 500 m de nosotros. Corré, corré que paró! 😀

Este nos llevaría hasta San Luis, una hermosa y pequeña ciudad como con ambiente de pueblo colombiano. Era sábado. Los pibes se congregaban en la plaza central, mucha variedad pero todos tan iguales al mejor estilo colombiano adolescente… Nos vamos a rescatar fruta y llegaría aquel ser inolvidable. Aquel amado, grisoso, hermoso y argentino gatito que se convertiría en nuestra compañía… “Se regala gatito”, decía un cartel en una veterinaria… -¿Lo llevamos Sebas?. -Mmmmm, no sé, decidí vos. -Obviooooooo.
“Señor, nos llevamos al miau!” ^..^

Y así llegaría Milan… Conocido en el bajo mundo como Juanchito y posteriormente como Juanchito Miau.

Ya con fruta y Juanchito en mano, nos fuimos al Potrero de Funes. Espectacular. Saltamos la cerca, como era de esperarse, encontramos el lago y armamos ahí la carpa. Baño seguro al día siguiente… Incluso lavada de ropa y de Juanchito, quien decidió meterse al lago a -rescatarnos-… Al rato llegarían los turistas y ya todo no sería igual.

De vuelta a San Luis, llegamos a una estación de combustible a hacer dedo. Infructuoso. Caminamos a una rotonda. Peor. Llega el atardecer, el fuerte viento y el descenso estrepitoso de temperatura (o sensación térmica, como sea, da igual), así que volvimos a la estación de combustible y allí conoceríamos a Pablo Kinn. Un camionero que nos dejó dormir dentro de su camión y nos compartiría mates y una larga pero sobre todo aburrida charla sobre dios, el cristianismo y esas cosas… Al final creo que nos hizo fue un daño enorme.

​Como nos vio -según él- “desprotegidos”, nos regaló ropa para el frío. Al día siguiente preparamos entre todos un arroz y Axl le habló de alimentación y todo eso… El tipo quedó impactado con nosotros. es decir, nos amó (:

De vuelta haciendo dedo en la estación (y ahora con kilos y kilos de ropa encima)… Nadie nos levanta. Pablo va en nuestra ayuda… Tan lindowww!

Por fin un auto ofrece llevarnos hasta Mendoza. Pablo lo bendice, al punto de besarle el orto y nos vamos.

El tipo del auto nos deja en el terminal de Mendoza, a pocas cuadras del centro y como si fuera poco, decide regalarnos 100 pesos a cada uno para “pagar un hotel”… 😮 Ahora sí que dios me lo bendiga señor!

Ya en Mendoza conoceríamos en un ropero de una iglesia a Claudia… mamá Claudia. 46 años, bajita, separada y descomplicada mujer que nos invita a su casa…

Fuimos, nos perdimos, llamamos y llegamos a la casita de los cuentos infantiles. Allí estaban David (su ex-esposo), Micaela (su hermosa e inteligente hija de 12 años) y Agus (su hermoso, atractivo y con mucho carácter hijo de 13 años). Nos presentamos, ellos igual, cenamos y todo fue bello bello.

Luego vendrían Carolina, Norma, Luis, Melania, Marcos y demás familiares… todos rebuena onda.

Compartiríamos un par de días y nos alistaríamos para zarpar rumbo a la república chilena.

Familia Esquivel

Córdoba – San Luis – Mendoza | Abril de 2013
Distancia total: 660 km

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